{"id":118,"date":"2017-08-18T16:39:04","date_gmt":"2017-08-18T19:39:04","guid":{"rendered":"http:\/\/recursoscatolicos.cl\/?p=118"},"modified":"2017-08-18T16:39:04","modified_gmt":"2017-08-18T19:39:04","slug":"que-es-la-biblia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/2017\/08\/18\/que-es-la-biblia\/","title":{"rendered":"Qu\u00e9 es la Biblia"},"content":{"rendered":"<p>Por monse\u00f1or Armando Levoratti<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-119\" src=\"http:\/\/recursoscatolicos.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/monsenor-levoratti.jpg\" alt=\"\" width=\"480\" height=\"360\" srcset=\"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/monsenor-levoratti.jpg 800w, https:\/\/recursoscatolicos.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/monsenor-levoratti-300x225.jpg 300w, https:\/\/recursoscatolicos.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/monsenor-levoratti-768x576.jpg 768w, https:\/\/recursoscatolicos.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/monsenor-levoratti-740x556.jpg 740w, https:\/\/recursoscatolicos.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/monsenor-levoratti-370x278.jpg 370w\" sizes=\"auto, (max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><\/p>\n<p><strong>El significado de la palabra Biblia<\/strong><\/p>\n<p>Hay varias maneras de responder a esta pregunta. Una de ellas consiste en explicar el significado de la palabra Biblia.<\/p>\n<p>Biblia es una palabra de origen griego (el plural de biblion, \u00abpapiro para escribir\u00bb y tambi\u00e9n \u00ablibro\u00bb), y significa literalmente \u00ablos Libros\u00bb. Del griego, ese t\u00e9rmino pas\u00f3 al lat\u00edn, y a trav\u00e9s de \u00e9l a las lenguas occidentales, no ya como nombre plural, sino como singular femenino: la Biblia, es decir, el Libro por excelencia. Con este t\u00e9rmino se designa ahora a la colecci\u00f3n de escritos reconocidos como sagrados por el pueblo jud\u00edo y por la iglesia cristiana.<\/p>\n<p>La Biblia est\u00e1 dividida en dos partes de extensi\u00f3n bastante desigual, llamadas habitualmente Antiguo y Nuevo Testamento. A primera vista, la palabra \u00abtestamento\u00bb se presta a un equ\u00edvoco, porque no se ve muy bien en qu\u00e9 sentido puede aplicarse a la Biblia. Sin embargo, la dificultad se aclara si se tiene en cuenta la vinculaci\u00f3n de la palabra latina testamentum con el hebreo berit, \u00abpacto\u00bb o \u00abalianza\u00bb.<\/p>\n<p>Berit es uno de los t\u00e9rminos fundamentales de la teolog\u00eda b\u00edblica. Con \u00e9l se designa el lazo de uni\u00f3n que el Se\u00f1or estableci\u00f3 con su pueblo en el monte Sina\u00ed. A este pacto, alianza o lazo de uni\u00f3n establecido por intermedio de Mois\u00e9s, los profetas contrapusieron una \u00abnueva alianza\u00bb, que no estar\u00eda escrita, como la antigua, sobre tablas de piedra, sino en el coraz\u00f3n de las personas por el Esp\u00edritu del Se\u00f1or (Jer 31.31\u201334; Ez 36.26\u201327). De ah\u00ed la distinci\u00f3n entre la \u00abnueva\u00bb y la \u00abantigua alianza\u00bb: la primera, sellada en el Sina\u00ed, fue ratificada con sacrificios de animales; la segunda, incomparablemente superior, fue establecida con la sangre de Cristo.<\/p>\n<p>Ahora bien, el t\u00e9rmino hebreo berit se tradujo al griego con la palabra diatheke, que significa \u00abdisposici\u00f3n\u00bb, \u00abarreglo\u00bb, y de ah\u00ed \u00ab\u00faltima disposici\u00f3n\u00bb o \u00ab\u00faltima voluntad\u00bb, es decir, \u00abtestamento\u00bb. De este modo, la versi\u00f3n griega de la Biblia, conocida con el nombre de Septuaginta o traducci\u00f3n de los Setenta (LXX), quiso poner de relieve que el pacto o alianza era un don y una gracia de Dios, y no el fruto o el resultado de una decisi\u00f3n humana.<br \/>\nLa palabra griega diatheke fue luego traducida al lat\u00edn por testamentum, y de all\u00ed pas\u00f3 a las lenguas modernas. Por eso se habla corrientemente del Antiguo y del Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>A la Biblia se le da tambi\u00e9n el nombre de Sagrada Escritura. En el juda\u00edsmo, en cambio, se le designa con la palabra TANAK, que en realidad es una sigla formada con las iniciales de Torah, N\u0083bi\u02d2im y K\u0083tubim, es decir, de las tres partes o secciones en que se divide la Biblia hebrea: La Ley, los Profetas y los Escritos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La Biblia, Palabra de Dios<\/strong><\/p>\n<p>La otra respuesta no se contenta con explicar el significado de una palabra, sino que da otro paso y trata de penetrar m\u00e1s en la realidad profunda de la Biblia: la Biblia es la Palabra de Dios.<\/p>\n<p>En la Biblia se encuentran mensajes de los profetas, palabras de Jes\u00fas y testimonios de los ap\u00f3stoles. Los profetas, Jes\u00fas y los ap\u00f3stoles actuaron y hablaron en distintas \u00e9pocas y en circunstancias muy diversas. Pero todos anunciaron la Palabra de Dios.<br \/>\nLos profetas se presentaron como testigos y mensajeros de la Palabra, y as\u00ed lo expresaron muchas veces de manera inequ\u00edvoca, por ejemplo, cuando introduc\u00edan sus mensajes con la frase: \u00abAs\u00ed dice el Se\u00f1or\u00bb. (Cf. Jer 1.9\u201310a: \u00abEntonces el Se\u00f1or extendi\u00f3 la mano, me toc\u00f3 los labios y me dijo: \u2018Yo pongo mis palabras en tus labios\u2019\u00bb.)1<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber comunicado su Palabra por medio de los profetas, Dios se revel\u00f3 en la persona y en la obra redentora de Jes\u00fas, como lo expresa la Carta a los Hebreos (1.1\u20132): \u00abEn tiempos antiguos Dios habl\u00f3 a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos \u00faltimos, nos ha hablado por su Hijo\u00bb.<\/p>\n<p>Jesucristo, la Palabra hecha carne (Jn 1.14), dio testimonio de lo que hab\u00eda visto y o\u00eddo junto al Padre (Jn 1.18; cf. Mt 11.27), y envi\u00f3 a sus disc\u00edpulos dici\u00e9ndoles: \u00abEl que los escucha a ustedes, me escucha a m\u00ed; y el que los rechaza a ustedes, me rechaza a m\u00ed; y el que me rechaza a m\u00ed, rechaza al que me envi\u00f3\u00bb (Lc 10.16).<\/p>\n<p>Los ap\u00f3stoles, a su vez, fueron testigos oculares y servidores de la Palabra (Lc 1.2). Ellos fueron elegidos de antemano por Dios (Hch 10.41\u201342), y a ellos se les confi\u00f3 la misi\u00f3n de anunciar la Palabra de Dios a todo el mundo (Mc 16.15).<\/p>\n<p>Este mensaje de los profetas, de Jes\u00fas y de los ap\u00f3stoles fue luego consignado por escrito, y as\u00ed naci\u00f3 la Biblia, que es la Palabra de Dios encarnada en un lenguaje humano. Ella, como Jesucristo, es plenamente divina y plenamente humana, sin que lo divino ceda en detrimento de lo humano, ni lo humano de lo divino.<\/p>\n<p>Ahora bien: la palabra es la acci\u00f3n de una persona que expresa algo de s\u00ed misma y se dirige a otra para establecer una comunicaci\u00f3n.<br \/>\n1. Si analizamos por partes los elementos de esta definici\u00f3n, vemos que hablar es, en primer lugar, dirigirse a otro. El que habla, por el simple hecho de dirigir la palabra a otra persona (y aunque no lo diga expresamente), est\u00e1 manifestando la voluntad de ser escuchado y comprendido, de obtener una respuesta, de lograr que su palabra no caiga en el vac\u00edo.<br \/>\nDicho de otra manera: toda palabra interpela al destinatario del mensaje; es invitaci\u00f3n, llamado, interpelaci\u00f3n. El ser de la palabra es esencialmente \u00abpara-otro\u00bb, tiene un car\u00e1cter interpersonal y oblativo.2<br \/>\nLa orientaci\u00f3n hacia el destinatario del mensaje, generalmente sobreentendida, aflora a veces de manera expl\u00edcita y se expresa en palabras y en giros sint\u00e1cticos, de un modo especial, en los vocativos y en los imperativos.<br \/>\nAs\u00ed, cuando el Se\u00f1or dice \u00ab\u00a1Abraham, Abraham!\u00bb (Gn 22.11) o \u00ab\u00a1Mois\u00e9s, Mois\u00e9s!\u00bb (Ex 3.4), lo que hace es atraer la atenci\u00f3n del que va a ser su interlocutor. Todav\u00eda no le ha comunicado nada. Lo llama simplemente para obtener de \u00e9l una respuesta y establecer de ese modo el circuito de la comunicaci\u00f3n. Porque sin ese llamado previo, y sin la respuesta del interlocutor, no habr\u00eda di\u00e1logo posible.<br \/>\nDe igual manera, el que pide algo, o da una orden con un imperativo, apunta en forma directa al destinatario del mensaje: \u00abVe a lavarte al estanque de Silo\u00e9\u00bb, le dice Jes\u00fas al ciego de nacimiento, y esta orden provoca en \u00e9l una respuesta inmediata: \u00abEl ciego fue y se lav\u00f3\u00bb (Jn 9.7).<br \/>\n2. Adem\u00e1s, toda palabra comunica algo. Los interlocutores intercambian siempre alg\u00fan tipo de informaci\u00f3n, y hasta la conversaci\u00f3n m\u00e1s trivial versa sobre alg\u00fan tema. El tema de la conversaci\u00f3n, el significado de las palabras, la noticia que se quiere comunicar, dan un contenido al mensaje.<br \/>\n3. Por su misma din\u00e1mica interna, la palabra tiende a convertirse en di\u00e1logo entre un yo y un t\u00fa. Es verdad que muchas veces empleamos el lenguaje por razones pr\u00e1cticas, de manera que la comunicaci\u00f3n se establece casi siempre en un contexto utilitario y m\u00e1s bien superficial. Adem\u00e1s, la comunicaci\u00f3n fracasa muchas veces porque las personas no se abren al di\u00e1logo sino que se encierran en su propio ego\u00edsmo, o porque la buena disposici\u00f3n de una persona no encuentra en la otra una acogida o un eco favorable.<br \/>\nPor lo tanto, el encuentro personal puede adquirir distintos grados de profundidad, o puede incluso frustrarse por la falta de receptividad y de correspondencia en alguna de las partes. Pero tambi\u00e9n hay veces en que el encuentro se realiza plenamente, ya que la palabra y la respuesta se convierten en un di\u00e1logo aut\u00e9ntico y rec\u00edproco de comuni\u00f3n y de mutuo compromiso. S\u00f3lo en el encuentro amoroso puede darse esta perfecta reciprocidad, que es fruto de una revelaci\u00f3n y de un don, por una parte, y de una acogida franca y abierta, por la otra.<br \/>\nEstos aspectos del lenguaje humano se aplican anal\u00f3gicamente a la Palabra de Dios. O expresado de otra manera: este encuentro y este di\u00e1logo se vuelven a encontrar en el plano infinitamente m\u00e1s elevado de la revelaci\u00f3n de Dios y de la fe.<br \/>\nLa Palabra de Dios posee un contenido: Es la buena noticia por excelencia, el evangelio de la salvaci\u00f3n. As\u00ed puede apreciarse, por ejemplo, en los pasajes siguientes:<\/p>\n<p>\u00abOye, Israel: El Se\u00f1or nuestro Dios es el \u00fanico Se\u00f1or.<br \/>\nAma al Se\u00f1or tu Dios<br \/>\ncon todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con todas<br \/>\ntus fuerzas\u00bb.<br \/>\n(Dt 6.4\u20135)<\/p>\n<p>\u00abAma a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb.<br \/>\n(Lv 19.18; Ro 13.9)<\/p>\n<p>\u00abSi con tu boca reconoces a Jes\u00fas como Se\u00f1or,<br \/>\ny con tu coraz\u00f3n crees que Dios lo resucit\u00f3,<br \/>\nalcanzar\u00e1s la salvaci\u00f3n\u00bb.<br \/>\n(Ro 10.9)<\/p>\n<p>Estos tres pasajes expresan contenidos fundamentales del mensaje b\u00edblico, como son el mandamiento principal (cf. Mt 22.34\u201340) y la profesi\u00f3n de fe en Cristo (cf. 1 Co 15.1\u20137).<\/p>\n<p>Pero no basta escuchar con los o\u00eddos, porque la Palabra de Dios interpela, quiere ser acogida interiormente, reclama una respuesta.<\/p>\n<p>Esa respuesta es la fe. Mediante la fe, que acoge el mensaje de la Palabra, se realiza el encuentro con el Dios viviente. Y esta respuesta de la fe hace que la Palabra de Dios\u2014cre\u00edda, proclamada y vivida individual y eclesialmente- llegue a ser una fuerza eficaz en la historia.<\/p>\n<p>La Palabra de Dios es tambi\u00e9n eficaz: \u00ab\u2026 tiene vida y poder. Es m\u00e1s aguda que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo m\u00e1s profundo del alma y del esp\u00edritu, hasta lo m\u00e1s \u00edntimo de la persona;\u2026\u00bb (Heb 4.12).<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed como la lluvia y la nieve bajan del cielo,<br \/>\ny no vuelven all\u00e1, sino que empapan la tierra,<br \/>\nla fecundan y la hacen germinar,<br \/>\ny producen la semilla para sembrar<br \/>\ny el pan para comer,<br \/>\nas\u00ed tambi\u00e9n la palabra que sale de mis labios<br \/>\nno vuelve a m\u00ed sin producir efecto,<br \/>\nsino que hace lo que yo quiero<br \/>\ny cumple la orden que le doy\u00bb.<br \/>\n(Is 55.10\u201311)<\/p>\n<p>Esta Palabra tiene tanta eficacia porque Dios act\u00faa desde el exterior y tambi\u00e9n en el interior de las personas. A diferencia de los seres humanos, que s\u00f3lo disponen de la fuerza expresiva y significativa del lenguaje, el Esp\u00edritu de Dios penetra en el interior de las personas y all\u00ed realiza su acci\u00f3n m\u00e1s profunda.<br \/>\nPara referirse a esta eficacia, la Escritura habla de una revelaci\u00f3n especial (Mt 11.25), de una luz que Dios hace brotar en nuestro coraz\u00f3n (2 Co 4.6), y de una atracci\u00f3n interior (Jn 6.44).<\/p>\n<p>Por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, Dios puede infundir en el esp\u00edritu humano una luz que lo incline a aceptar confiadamente el testimonio divino. La iniciativa parte siempre de Dios. De \u00e9l proceden el mensaje de la salvaci\u00f3n y la capacidad para dar una respuesta de fe a ese mensaje.<br \/>\nLa Palabra de Dios y la fe son, por lo tanto, esencialmente interpersonales. El que acoge la Palabra y permanece en ella, de siervo pasa a ser hijo y amigo, y se inicia en los secretos del Padre, que el Hijo y el Esp\u00edritu son los \u00fanicos en conocer. No cabe imaginar un encuentro humano que alcance tanta hondura de intimidad y de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El contenido de la Biblia<\/strong><\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n anterior afirma cosas importantes, pero tambi\u00e9n deja otras sin responder. Porque si alguien pregunta \u00ab\u00bfQu\u00e9 es la Biblia?\u00bb, aunque no lo manifieste expresamente, quiere saber algo m\u00e1s. Ante todo, quiere saber algo de lo que dice la Biblia.<\/p>\n<p>De ah\u00ed la necesidad de completar la respuesta diciendo algo sobre el contenido de la Biblia.<\/p>\n<p>La Palabra de Dios es, ante todo, el relato de una historia que se extiende desde la creaci\u00f3n del mundo hasta el fin de los tiempos. Desde el G\u00e9nesis hasta el Apocalipsis, la Biblia proclama los hechos portentosos de Dios. A trav\u00e9s de ellos, Dios se revela como Se\u00f1or, Padre y Salvador, a fin de liberar del pecado y de la muerte a la humanidad pecadora.<\/p>\n<p>Esta historia comprende dos etapas. En la primera, Dios forma para s\u00ed un pueblo, eligi\u00e9ndolo de entre todas las naciones, para hacer de \u00e9l una naci\u00f3n santa, un pueblo sacerdotal y su posesi\u00f3n exclusiva (cf. Ex 19.3\u20136). La segunda est\u00e1 centrada y resumida plenamente en Jesucristo muerto y resucitado, cuyo acontecimiento pascual constituye la revelaci\u00f3n definitiva de los designios de Dios.<\/p>\n<p>A la luz de este relato b\u00edblico, la historia humana se manifiesta en su verdadero sentido; es decir, no como el producto del azar o de un destino ciego, sino como un proceso que est\u00e1 en las manos de un Dios personal, de quien todo depende y que todo lo conduce seg\u00fan el plan que \u201cse hab\u00eda propuesto realizar en Cristo\u201d. Y este plan consiste en \u00abunir bajo el mando de Cristo todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra (Ef 1.9\u201310 DHH3).<\/p>\n<p>En esta historia se sit\u00faa, en primer lugar, el largo proceso de formaci\u00f3n del Antiguo Testamento, paralelo a la vida del pueblo de Israel. Despu\u00e9s de la muerte y la resurrecci\u00f3n de Cristo, y por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu santo, nace la iglesia cristiana, y en ella se va formando progresivamente el Nuevo Testamento.<br \/>\nA continuaci\u00f3n enumeramos brevemente las grandes etapas de esta historia milenaria.<\/p>\n<p>La historia de los or\u00edgenes. El primer libro de la Biblia lleva el nombre de G\u00e9nesis, palabra griega que significa \u00aborigen\u00bb. El G\u00e9nesis es el libro de los comienzos: comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>En sus primeros cap\u00edtulos (1\u201311), el G\u00e9nesis presenta un vasto panorama de la historia humana, desde la creaci\u00f3n del mundo hasta Abraham. Estos relatos\u2014tan conocidos, pero casi siempre tan mal comprendidos\u2014ponen de manifiesto aspectos esenciales de la condici\u00f3n humana en el mundo.<\/p>\n<p>A los seres humanos les corresponde el honor de haber sido creados \u00aba imagen de Dios\u00bb (Gn 1.26\u201327). Pero al separarse de Dios por el pecado, la humanidad eligi\u00f3 para s\u00ed un camino de muerte. En el origen de esta rebeld\u00eda est\u00e1 la pretensi\u00f3n de \u00abser como Dios\u00bb (Gn 3.5), es decir, en vez de ordenar todas sus acciones de acuerdo con la voluntad divina, el primer hombre y la primera mujer se constituyeron a s\u00ed mismos en norma \u00faltima de sus decisiones, usurpando el lugar que le corresponde exclusivamente a Dios.<\/p>\n<p>El pecado rompi\u00f3 los lazos de amistad con Dios, y as\u00ed entraron en el mundo el sufrimiento y la muerte. A su vez, la p\u00e9rdida de la amistad divina trajo como consecuencia la ruptura entre Dios y el hombre, entre el hombre y la mujer, entre la especie humana y el resto de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La rebeli\u00f3n contra Dios est\u00e1 presente en todos estos relatos del G\u00e9nesis. El pecado prolifera, se diversifica y se extiende cada vez m\u00e1s a medida que aumenta la humanidad. Pero el pecado y el castigo no tienen la \u00faltima palabra, porque Dios reconstruye misericordiosamente lo que la soberbia humana hab\u00eda destruido: Despu\u00e9s del diluvio, la humanidad es reconstituida a partir del justo No\u00e9; despu\u00e9s de la dispersi\u00f3n de Babel, a trav\u00e9s de la elecci\u00f3n de Abraham.<\/p>\n<p>Por eso en el marco descrito por estos relatos se va a desarrollar la \u00abhistoria de la salvaci\u00f3n\u00bb, es decir, la serie de acciones divinas destinadas a liberar a la humanidad del pecado y de la muerte. La humanidad pecadora ya no era capaz de salvarse a s\u00ed misma. S\u00f3lo la gracia de Dios pod\u00eda traer al mundo la salvaci\u00f3n. De ah\u00ed que la historia relatada en la Biblia sea la historia de nuestra redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los patriarcas. Los once primeros cap\u00edtulos del G\u00e9nesis nos revelan algo del origen y del misterio de la condici\u00f3n humana; la historia de los patriarcas, que viene a continuaci\u00f3n, presenta la primera etapa en la formaci\u00f3n del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Dios vuelve a intervenir en la historia de este mundo, pero lo hace de un modo nuevo. Ya no act\u00faa para condenar a los culpables o para dispersar a los seres humanos, sino para dar cumplimiento a su plan divino de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Abraham, el \u00abpadre de los creyentes\u00bb, escucha la palabra de Dios y emprende un camino que lo arranca del pasado y lo proyecta hacia el futuro:<\/p>\n<p>\u00abDeja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre,<br \/>\npara ir a la tierra que yo te voy a mostrar.<br \/>\nCon tus descendientes voy a formar una gran naci\u00f3n;<br \/>\nvoy a bendecirte \u2026\u00bb<br \/>\n(Gn 12.1\u20132)<\/p>\n<p>El designio divino de salvaci\u00f3n comienza humildemente, con un solo hombre Abraham y su familia. Pero desde el comienzo tiene una destinaci\u00f3n universal, porque la elecci\u00f3n de Abraham redundar\u00e1 al fin en beneficio de todas las naciones:<\/p>\n<p>\u00abCon tus descendientes voy a formar una gran naci\u00f3n \u2026<br \/>\nPor medio de ti bendecir\u00e9 a todas las familias del mundo\u00bb.<br \/>\n(Gn 12.2\u20133; cf. 13.14\u201317; 15.5; 22.17\u201318)<\/p>\n<p>Al leer a continuaci\u00f3n los otros relatos del G\u00e9nesis, donde el designio divino parece limitarse a algunas personas escogidas, es preciso no perder de vista el contenido de esta promesa.<\/p>\n<p>Isaac primero, y Jacob despu\u00e9s, fueron los herederos de la promesa divina (Gn 26.4; 28.13\u201315). Jos\u00e9 fue vendido por sus hermanos, pero gracias a \u00e9l la familia de Jacob lleg\u00f3 a Egipto y se salv\u00f3 de la hambruna. As\u00ed qued\u00f3 preparado el escenario para la gran liberaci\u00f3n que relata a continuaci\u00f3n el libro del \u00c9xodo.<br \/>\nEl \u00e9xodo. El \u00e9xodo de Egipto constituye uno de los momentos m\u00e1s decisivos en la historia de la salvaci\u00f3n. Dios se revel\u00f3 a Mois\u00e9s como el Dios de los padres y el Dios salvador, que oy\u00f3 el clamor de su pueblo y decidi\u00f3 acudir en su ayuda. Le dio a conocer su nombre de Yav\u00e9 y lo envi\u00f3 a presentarse ante el Fara\u00f3n, rey de Egipto.<\/p>\n<p>Luego de muchos contratiempos, los israelitas salieron de Egipto, y \u00abcon ellos se fue much\u00edsima gente de toda clase\u00bb (Ex 12.38). Esta breve referencia es importante, porque nos da a entender que la unidad del pueblo de Dios no depende, ante todo, de un com\u00fan origen racial.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la liberaci\u00f3n viene la alianza. Al llegar al monte Sina\u00ed, el Se\u00f1or sale al encuentro de su pueblo y establece con \u00e9l un pacto o alianza. Esta alianza no es un contrato bilateral, es decir, un convenio ordinario entre dos partes que han discutido sus t\u00e9rminos antes de concluirlo y firmarlo. Es una disposici\u00f3n divina, que el Se\u00f1or concede gratuitamente, por una libre iniciativa de su gracia.<\/p>\n<p>Esta alianza hace del pueblo elegido un pueblo santo, puesto aparte por Dios y consagrado al servicio de Dios entre todos los pueblos de la tierra (Ex 19.3\u20138).<br \/>\nLa historia de esta liberaci\u00f3n qued\u00f3 grabada como un sello indeleble en la memoria del pueblo de Israel. A partir de aquel momento, Dios nunca dej\u00f3 de presentarse con estas palabras: \u00abYo soy el Se\u00f1or [Yav\u00e9] tu Dios, que te sac\u00f3 de Egipto, donde eras esclavo\u00bb (Ex 20.1).<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el libro del Lev\u00edtico dicta un conjunto de normas para el ejercicio del culto en Israel, el pueblo sacerdotal, consagrado al servicio del Se\u00f1or.<br \/>\nLa marcha por el desierto (narrada especialmente en el libro de N\u00fameros). En medio de las asperezas del desierto, en su marcha hacia la Tierra prometida, el pueblo padeci\u00f3 hambre y sed. Estas penurias le hicieron a\u00f1orar el pescado y las legumbres que com\u00edan en Egipto (Nm 11.5), y m\u00e1s de una vez se rebel\u00f3 contra el Se\u00f1or y contra Mois\u00e9s: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 nos trajo el Se\u00f1or a este pa\u00eds? \u00bfPara morir en la guerra, y que nuestras mujeres y nuestros hijos caigan en poder del enemigo? \u00a1M\u00e1s nos valdr\u00eda regresar a Egipto!\u00bb (Nm 14.3).<\/p>\n<p>La libertad se les hac\u00eda una carga demasiado pesada y sent\u00edan nostalgia de la esclavitud. Entonces el Se\u00f1or hizo brotar agua de la roca y los aliment\u00f3 con el man\u00e1.<\/p>\n<p>Al t\u00e9rmino de esta marcha, antes de pasar el Jord\u00e1n, Mois\u00e9s instruye por \u00faltima vez a Israel, como lo recuerda el libro del Deuteronomio.<br \/>\nJosu\u00e9. El libro que lleva el nombre de Josu\u00e9, el sucesor de Mois\u00e9s, celebra el asentamiento de las tribus hebreas en la Tierra prometida. Un simple vistazo al conjunto del libro nos hace ver que consta de tres partes: la conquista de Cana\u00e1n (caps. 1\u201312), la distribuci\u00f3n de los territorios conquistados (caps. 13\u201321) y la unidad de Israel fundada en la fe (caps. 22\u201324).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de cruzar el Jord\u00e1n, los israelitas llegados del desierto encontraron a su paso ciudades fortificadas y carros de guerra. Y si lograron infiltrarse en el pa\u00eds, fue m\u00e1s por la astucia que por el empleo de las armas.<\/p>\n<p>En realidad, la conquista no fue una haza\u00f1a de los hombres sino una victoria del Se\u00f1or. Por eso el relato adquiere por momentos los contornos de epopeya maravillosa: los muros de Jeric\u00f3 se derrumban, el sol se detiene, los cananeos son presa del p\u00e1nico, porque es el Se\u00f1or el que se pone al frente del pueblo y combate a favor de \u00e9l. En estas \u00abguerras de Yav\u00e9\u00bb, el arca de la alianza era el s\u00edmbolo de la presencia del Se\u00f1or en medio de su pueblo.<\/p>\n<p>De ah\u00ed un tema fundamental en el libro de Josu\u00e9: Israel tiene que dar gracias a Yav\u00e9, su Dios, que ha dado como herencia a su pueblo la tierra de Cana\u00e1n.<br \/>\nEl libro concluye con el relato de la alianza de Siquem. Josu\u00e9 rememora, ante la asamblea de los israelitas, las acciones que realiz\u00f3 el Dios de Israel en favor de su pueblo. Luego les propone una alianza, y esta queda sellada sobre una doble base: la fe com\u00fan en Yav\u00e9 y el reconocimiento de una misma ley (cap. 24).<br \/>\nEl libro de los Jueces, que viene a continuaci\u00f3n, nos dar\u00e1 una imagen un poco m\u00e1s matizada de este per\u00edodo hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Los jueces. Despu\u00e9s de la muerte de Josu\u00e9 sobrevino para las tribus de Israel una etapa dif\u00edcil: es la as\u00ed llamada \u00ab\u00e9poca de los jueces\u00bb.<\/p>\n<p>Es importante notar que estos \u00abjueces\u00bb no eran simples magistrados que administraban justicia, sino \u00abcaudillos\u00bb (o, como suele decirse, \u00abl\u00edderes carism\u00e1ticos\u00bb) que el Se\u00f1or fue suscitando en los momentos de crisis para liberar a su pueblo de la opresi\u00f3n. Cuando una o varias tribus israelitas se ve\u00edan amenazadas por un ataque enemigo, estos caudillos\u2014llenos del \u00abesp\u00edritu del Se\u00f1or\u00bb\u2014se levantaron para combatir a los enemigos de su pueblo (cf. Jue 3.10; 11.29).<\/p>\n<p>Las amenazas proven\u00edan de los pueblos vecinos de Israel. Poco despu\u00e9s de la entrada de los israelitas en Cana\u00e1n, tuvo lugar, a su vez, el asentamiento de los filisteos en la costa sur de Palestina (hacia el a\u00f1o 1175 a.C.). Estos se organizaron en cinco ciudades\u2014la famosa Pent\u00e1polis filistea\u2014, y por su poder\u00edo militar y su monopolio del hierro constituyeron un peligro constante para los israelitas. La hostilidad de los filisteos, sumada a la que proven\u00eda de los nativos del pa\u00eds (los cananeos) y de los pueblos vecinos (madianitas, moabitas, amonitas, etc\u00e9tera), lleg\u00f3 algunas veces a poner en peligro la existencia misma de las tribus hebreas.<\/p>\n<p>Cuando se produc\u00eda una de estas crisis, el Se\u00f1or suscitaba un \u00abjuez\u00bb o caudillo, que obten\u00eda para su pueblo una victoria m\u00e1s o menos resonante. Estos h\u00e9roes actuaron en distintos lugares y en distintas \u00e9pocas, y cada uno a su manera. Gede\u00f3n, por ejemplo, reuni\u00f3 varias tribus para ir al combate; Sans\u00f3n, en cambio, fue un h\u00e9roe de fuerza extraordinaria, que m\u00e1s de una vez puso en grave aprieto a los filisteos. Adem\u00e1s, la misi\u00f3n de los jueces era personal y temporal: una vez pasado al peligro, ellos sol\u00edan volver a sus ocupaciones ordinarias.<\/p>\n<p>El \u00abC\u00e1ntico de D\u00e9bora\u00bb (Jue 5) muestra muy bien c\u00f3mo se encontraba el pueblo de Israel durante el per\u00edodo de los jueces. El poema celebra la victoria de una coalici\u00f3n de tribus hebreas contra los cananeos, en la llanura de Jezreel. Seg\u00fan Jueces 5.14\u201317, seis de las tribus respondieron a la convocatoria hecha por D\u00e9bora: Efra\u00edn, Benjam\u00edn, Maquir (Manas\u00e9s), Zabul\u00f3n, Isacar y Neftal\u00ed. En cambio, otras cuatro tribus\u2014Rub\u00e9n, Galaad (Gad), Dan y Aser\u2014son recriminadas severamente por no haber socorrido a sus hermanos. Las tribus del sur\u2014Jud\u00e1, Sime\u00f3n y Lev\u00ed\u2014ni siquiera se mencionan, sin duda porque una especie de barrera las separaba de las otras tribus. Uno de los principales enclaves que se interpon\u00edan entre el norte y el sur era la fortaleza de Jerusal\u00e9n, que a\u00fan estaba en poder de los jebuseos (Jos 15.63; Jue 19.10\u201312).<\/p>\n<p>El libro de los Jueces pronuncia un juicio severo sobre la situaci\u00f3n religiosa de Israel en aquel per\u00edodo. Los israelitas pasaban por un proceso de sedentarizaci\u00f3n y de cambio a nuevas formas de vida. Y la asimilaci\u00f3n de algunas costumbres cananeas (relacionadas, sobre todo, con el ejercicio de la agricultura) introdujo pr\u00e1cticas religiosas contrarias al aut\u00e9ntico culto de Yav\u00e9. Estas pr\u00e1cticas estaban relacionadas con Baal, el dios cananeo de la fecundidad. De este dios se esperaba que diera fertilidad a la tierra, buenas cosechas de granos y abundancia de vino y aceite.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es severo el juicio que se pronuncia sobre la falta de unidad y de organizaci\u00f3n pol\u00edtica entre los grupos hebreos: \u00abComo en aquella \u00e9poca a\u00fan no hab\u00eda rey en Israel, cada cual hac\u00eda lo que le daba la gana\u00bb (Jue 17.6; cf. 18.1; 19.1; 21.25).<\/p>\n<p>En la etapa siguiente, la instituci\u00f3n de la realeza vino a atemperar de alg\u00fan modo aquel estado de anarqu\u00eda.<\/p>\n<p>Samuel y Sa\u00fal. Los libros de Samuel, que vienen a continuaci\u00f3n, se refieren a este proceso de consolidaci\u00f3n; uno de los momentos m\u00e1s importantes en la historia b\u00edblica. Es la \u00e9poca en que Israel se constituy\u00f3 como unidad pol\u00edtica, al mando de un rey.<\/p>\n<p>El primer libro de Samuel consta de tres secciones. Cada una de ellas gira en torno a uno o dos personajes centrales: Samuel (caps. 1\u20137), Samuel y Sa\u00fal (8\u201315), Sa\u00fal y David (16\u201331).<\/p>\n<p>La primera de estas figuras centrales es la de Samuel, el ni\u00f1o consagrado al Se\u00f1or que lleg\u00f3 a ser profeta. Como sucede con frecuencia en la Biblia, el hijo concedido a la mujer est\u00e9ril tiene un destino especial. El relato de la vocaci\u00f3n de Samuel presenta tres elementos que aparecen en todos los relatos de llamamiento al profetismo: la iniciativa de Yav\u00e9, la comunicaci\u00f3n del mensaje que debe transmitir, y la respuesta del que ha sido llamado (1 S 3; cf. Ex 3.1\u201312; Is 6; Jer 1.4\u201310; Ez 13).<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, el intento de organizar a las tribus israelitas bajo la forma de un estado mon\u00e1rquico comienza con Sa\u00fal. \u00c9l, como los antiguos jueces de Israel, fue el libertador elegido por Dios (1 S 10.1). El esp\u00edritu del Se\u00f1or vino sobre \u00e9l, y lo impuls\u00f3 a emprender una guerra de liberaci\u00f3n contra los amonitas (1 S 11.1\u201313). Y cuando regres\u00f3 victorioso de su campa\u00f1a libertadora, Sa\u00fal fue proclamado rey.<\/p>\n<p>Con esta proclamaci\u00f3n, la realeza qued\u00f3 instituida en Israel.<\/p>\n<p>Muerte de Sa\u00fal y reinado de David. Despu\u00e9s de narrar las primeras victorias de Sa\u00fal, la Biblia presenta dos trayectorias que siguen un curso contrario. El joven David, que se hab\u00eda puesto al servicio del rey Sa\u00fal, se fue ganando cada vez m\u00e1s el amor y la simpat\u00eda del pueblo (1 S 18.6\u20137). Este hecho despert\u00f3 la envidia y el odio del rey, que comenz\u00f3 a perseguirlo despiadadamente. As\u00ed comenzaron a contraponerse la carrera ascendente de David, que culmin\u00f3 con su elevaci\u00f3n al trono, y la curva descendente de Sa\u00fal, que termin\u00f3 en la derrota y en la muerte.<\/p>\n<p>La muerte de Sa\u00fal dej\u00f3 libre el camino a David, que primero fue proclamado rey de Jud\u00e1 (2 S 2.4), y luego, cuando las tribus del norte fracasaron en su intento de organizarse por s\u00ed mismas, tambi\u00e9n fue reconocido como rey de Israel (2 S 5.1\u20133).<\/p>\n<p>Un momento decisivo en la trayectoria hist\u00f3rica de David fue la conquista de Jerusal\u00e9n. El rey convirti\u00f3 esa ciudad jebusea en capital de su reino (2 S 5.9\u201316) y tambi\u00e9n en centro religioso de todo Israel, ya que all\u00ed instal\u00f3 el arca de la alianza (6.1\u201323).<\/p>\n<p>Los libros de Samuel presentan a David con todos los atractivos de un h\u00e9roe: bien parecido, fiel en la amistad, m\u00fasico, poeta, guerrero valeroso y l\u00edder extraordinario. La historia de su ascensi\u00f3n es al mismo tiempo la historia de la ca\u00edda de Sa\u00fal. Pero el relato b\u00edblico no oculta sus pecados: el adulterio con Betsab\u00e9 y el asesinato de Ur\u00edas.<\/p>\n<p>El largo reinado de David no logr\u00f3 eliminar por completo el antagonismo entre el norte y el sur, de manera que la unidad de las tribus fue siempre precaria. Una prueba de ello fueron las rebeliones que debi\u00f3 afrontar David, en particular el levantamiento dirigido por su hijo Absal\u00f3n (2 S 15.1\u20136; 19.42\u201320.2).<br \/>\nA la muerte de David, en medio de las intrigas de la corte real, lo sucedi\u00f3 su hijo Salom\u00f3n (1 R 1\u20132).<br \/>\nLos reyes de Israel y Jud\u00e1 despu\u00e9s de David. Salom\u00f3n llev\u00f3 a cabo el proyecto que su padre no hab\u00eda podido realizar (1 R 8.17\u201321) y erigi\u00f3 un lugar de culto que tendr\u00eda en el futuro una enorme importancia en la vida religiosa y cultural de Israel. La importancia de dicho templo se pone de manifiesto, sobre todo, en la plegaria pronunciada por el rey durante la fiesta de la dedicaci\u00f3n (1 R 8.23\u201353).<br \/>\nPero no todo fue gloria y magnificencia en el reino de Salom\u00f3n. La Biblia tambi\u00e9n deja entrever los aspectos negativos de su reinado, como fueron las concesiones hechas a la idolatr\u00eda y las excesivas cargas impuestas al pueblo. Las construcciones llevadas a cabo por el rey exig\u00edan pesados tributos y una considerable cantidad de mano de obra. Para muchos israelitas, estos excesos traicionaban los ideales que hab\u00edan dado su identidad y su raz\u00f3n de ser al pueblo de Dios (cf. 1 S 8), y un profundo descontento se extendi\u00f3 por el pa\u00eds, en especial, entre las tribus del norte. Como consecuencia de este malestar resurgieron los viejos antagonismos entre el norte y el sur (cf. 2 S 20.1\u20132), y as\u00ed termin\u00f3 por quebrantarse el intento de unificaci\u00f3n llevado a cabo por David (cf. 2 S 2.4; 5.3).<br \/>\nDespu\u00e9s de la muerte de Salom\u00f3n, el reino dav\u00eddico se dividi\u00f3 en dos estados independientes: Israel al norte y Jud\u00e1 al sur; este \u00faltimo con Jerusal\u00e9n como capital. El texto b\u00edblico narra en qu\u00e9 circunstancias se produjo la separaci\u00f3n y c\u00f3mo el cisma pol\u00edtico trajo consigo el cisma religioso (1 R 12). Luego presenta en forma paralela la historia de los dos reinos, que en muy pocas ocasiones lograron superar su antigua rivalidad.<\/p>\n<p>Seg\u00fan los libros de los Reyes, la historia de Israel y de Jud\u00e1, a lo largo de todo el per\u00edodo mon\u00e1rquico, fue una cadena ininterrumpida de pecados e infidelidades, y los principales responsables de esta situaci\u00f3n fueron los reyes mismos. A ellos les correspond\u00eda gobernar al pueblo de Dios con sabidur\u00eda (cf. 1 R 3.9); pero en realidad hicieron todo lo contrario. Por eso no fue un hecho casual que Israel y Jud\u00e1 terminaran por caer derrotados y dejaran de existir como naciones independientes (2 R 17.6; 25.1\u201321).<\/p>\n<p>Los profetas. En este contexto proclamaron su mensaje los m\u00e1s grandes profetas de Israel. Ellos vieron con extraordinaria lucidez el desorden que reinaba en la sociedad. El pueblo de Israel no era lo que Dios quer\u00eda y esperaba de \u00e9l. El Se\u00f1or hab\u00eda formado y cuidado a su pueblo, como el labrador planta y cultiva su vi\u00f1a, y esperaba de \u00e9l buenos frutos. Pero sus esperanzas quedaron frustradas porque la vi\u00f1a del Se\u00f1or, en vez de dar buenos frutos, hab\u00eda producido uvas agrias (Is 5.1\u20137). El pecado de Israel estaba grabado \u00abcon punta de diamante\u00bb y con \u00abcincel de hierro\u00bb en la piedra de su coraz\u00f3n (Jer 17.1). Pero como el Se\u00f1or no quiere la muerte del pecador, sino que cambie de conducta y viva (Ez 18.23), envi\u00f3 a sus servidores, los profetas, para llamarlo a la conversi\u00f3n.<br \/>\nLos profetas nunca dejaron de reconocer que el Se\u00f1or hab\u00eda elegido a Israel. Pero esta elecci\u00f3n divina, mucho m\u00e1s que un privilegio, era para ellos una responsabilidad. Ni el culto, ni el templo, ni la dinast\u00eda dav\u00eddica ni el recuerdo de las acciones pasadas de Yav\u00e9 ofrec\u00edan ya una garant\u00eda incondicional y autom\u00e1tica, porque el Se\u00f1or ha dado a conocer \u2026<\/p>\n<p>\u00bb\u2026 en qu\u00e9 consiste lo bueno<br \/>\ny qu\u00e9 \u00e9l espera de ti:<br \/>\nque hagas justicia, que seas fiel y leal<br \/>\ny que obedezcas humildemente a tu Dios\u00bb.<br \/>\n(Miq 6.8)<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el profeta Am\u00f3s ha expresado esta idea con toda claridad y precisi\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abS\u00f3lo a ustedes he escogido<br \/>\nde entre todos los pueblos de la tierra.<br \/>\nPor eso habr\u00e9 de pedirles cuentas<br \/>\nde todas las maldades que han cometido\u00bb.<br \/>\n(Am 3.2)<\/p>\n<p>Otro tema central de la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica es la fidelidad al culto de Yav\u00e9. Ese tema se encuentra, sobre todo, en Oseas, Jerem\u00edas y Ezequiel. Ellos denunciaron la idolatr\u00eda en todas sus formas (cf., por ejemplo, Os 4.1\u201314; Jer 2.23\u201328) y, con tal finalidad, utilizaron ampliamente el simbolismo conyugal: Yav\u00e9 era el esposo de Israel, pero los israelitas se comportaban como una esposa infiel, que enga\u00f1a a su marido y se prostituye con el primero que pasa (cf., entre muchos otros textos, Os 2; Ez 16; 20). Era preciso, por lo tanto, volver a la fidelidad perdida (Jer 2.1\u20133), antes que fuera demasiado tarde (Jer 4.1\u20134).<br \/>\nLos profetas condenaron tambi\u00e9n el orgullo y la ambici\u00f3n de las clases dirigentes, que no mostraban la menor preocupaci\u00f3n por el destino de su pueblo. La gente humilde era v\u00edctima de jefes sin escr\u00fapulos, que cre\u00edan que todo les estaba permitido (cf. Am 2.6\u20138). Ante el espect\u00e1culo generalizado de la venalidad y la corrupci\u00f3n, ellos manifestaron decididamente su solidaridad con las v\u00edctimas de la injusticia y denunciaron sin reserva a los opresores. Seg\u00fan sus ense\u00f1anzas, la fidelidad al Se\u00f1or deb\u00eda manifestarse no s\u00f3lo en la observancia de ciertas pr\u00e1cticas cultuales y religiosas, sino tambi\u00e9n, y sobre todo, en el \u00e1mbito de las relaciones sociales. Sin la pr\u00e1ctica de la justicia, el culto puramente exterior era abominable para el Se\u00f1or (Is 1.10\u201320; Am 5.21\u201324).<br \/>\nLa ca\u00edda de Jerusal\u00e9n. Los profetas anunciaron repetidamente que Jerusal\u00e9n ser\u00eda destruida y que sus habitantes caer\u00edan bajo la espada de sus enemigos, o ser\u00edan llevados al exilio, si no se volv\u00edan al Se\u00f1or de coraz\u00f3n. Pero ni el pueblo ni sus gobernantes hicieron caso a la palabra del Se\u00f1or, y aquellos anuncios se cumplieron. El ej\u00e9rcito de Nabucodonosor, rey de Babilonia, siti\u00f3 la ciudad santa, y esta no pudo resistir al asedio. Los invasores entraron en Jerusal\u00e9n, la saquearon, incendiaron el templo, se llevaron sus tesoros y vasos sagrados, y deportaron al sector m\u00e1s representativo de la poblaci\u00f3n (2 R 25.1\u201321). El Salmo 74.4\u20139 describe con hondo dramatismo aquella cat\u00e1strofe:<\/p>\n<p>\u00abTus enemigos cantan victoria en tu santuario;<br \/>\n\u00a1han puesto sus banderas extranjeras<br \/>\nsobre el portal de la entrada!<br \/>\nCual si fueran le\u00f1adores<br \/>\nen medio de un bosque espeso,<br \/>\na golpe de hacha y martillo,<br \/>\ndestrozaron los ornamentos de madera.<br \/>\nPrendieron fuego a tu santuario;<br \/>\n\u00a1deshonraron tu propio templo<br \/>\nderrumb\u00e1ndolo hasta el suelo!<br \/>\nDecidieron destruirnos del todo;<br \/>\n\u00a1quemaron todos los lugares del pa\u00eds<br \/>\ndonde nos reun\u00edamos para adorarte!<br \/>\nYa no vemos nuestros s\u00edmbolos sagrados;<br \/>\nya no hay ning\u00fan profeta,<br \/>\ny ni siquiera sabemos lo que esto durar\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>El exilio. Comparado con la historia de Israel en su conjunto, el per\u00edodo del exilio fue relativamente breve: unos sesenta a\u00f1os desde la primera deportaci\u00f3n (2 R 25.18\u201321) hasta el edicto de Ciro (2 Cr 36.22\u201323). Sin embargo, fue uno de los m\u00e1s ricos y fecundos en la historia de la salvaci\u00f3n. Los israelitas meditaron sobre la cat\u00e1strofe que les hab\u00eda acontecido, y esperaron con impaciencia que el Se\u00f1or volviera a intervenir una vez m\u00e1s en favor de su pueblo (cf. Sal 137).<br \/>\nUna vez que se cumpli\u00f3 el t\u00e9rmino fijado por Dios (cf. Jer 29.10), los exiliados escucharon la voz de los profetas que les anunciaban el fin del cautiverio y una pronta liberaci\u00f3n (cf. Is 40\u201355).<\/p>\n<p>Cuando cay\u00f3 Jerusal\u00e9n, el rey Nabucodonosor estaba en el apogeo de su gloria. Pero a su pa\u00eds deb\u00eda llegarle \u00abel momento de estar tambi\u00e9n sometido a grandes naciones y reyes poderosos\u00bb (Jer 27.7). Los primeros indicios de la declinaci\u00f3n de Babilonia se sintieron hacia el 546 a.C., cuando apareci\u00f3 en el escenario del Pr\u00f3ximo Oriente Antiguo un nuevo protagonista: Ciro, el rey de los persas. Entonces los exiliados pudieron esperar su liberaci\u00f3n y el fin de la cat\u00e1strofe (cf. Is 40\u201355). Esta se realiz\u00f3 en el a\u00f1o 539 a.C., con la ca\u00edda de Babilonia.<\/p>\n<p>La vuelta del exilio. El edicto de Ciro\u2014del que la Biblia conserva dos versiones (Esd 1.2\u20134; 6.3\u20135)\u2014autoriz\u00f3 a los deportados el regreso a Palestina. Este retorno fue paulatino. La primera caravana de repatriados lleg\u00f3 a Jud\u00e1 al mando de Sesbasar (Esd 1.5\u201311), que era una especie de alto comisario del imperio persa. Pero Sesbasar desapareci\u00f3 pronto de la escena y en lugar de \u00e9l apareci\u00f3 Zorobabel. La reedificaci\u00f3n del templo, que hab\u00eda empezado Zorobabel con mucho entusiasmo, se vio obstaculizada por las hostilidades de los samaritanos; pero estimulado por los profetas Hageo y Zacar\u00edas, Zorobabel puso de nuevo manos a la obra y en el a\u00f1o 515 a.C. el templo qued\u00f3 terminado.<\/p>\n<p>A partir del edicto de Ciro fueron llegando a Jerusal\u00e9n sucesivas caravanas de repatriados. Muchos otros jud\u00edos, en cambio, prefirieron quedarse en la di\u00e1spora, donde hab\u00edan prosperado econ\u00f3micamente, llegando a desempe\u00f1ar, algunas veces, cargos de importancia como funcionarios del imperio persa (cf. Neh 2.1).<\/p>\n<p>Con el paso del tiempo, la situaci\u00f3n pol\u00edtica, social y religiosa de Judea se fue deteriorando cada vez m\u00e1s. Entre los factores que contribuyeron a ese proceso hay que mencionar las dificultades econ\u00f3micas, las divisiones en el interior de la comunidad y, muy particularmente, la hostilidad de los samaritanos.<br \/>\nNehem\u00edas, que a pesar de ser jud\u00edo era un alto dignatario en la corte del rey Artajerjes I, se enter\u00f3 de que la ciudad de Jerusal\u00e9n a\u00fan se encontraba casi en ruinas y con sus puertas quemadas. Entonces solicit\u00f3 y obtuvo ser nombrado gobernador de Jud\u00e1 para acudir en ayuda del pueblo. Su valent\u00eda y firmeza superaron todas las dificultades, y en muy poco tiempo se restauraron los muros de la ciudad. Luego se dedic\u00f3 a repoblar la ciudad santa, que estaba casi desierta, y tom\u00f3 severas medidas para defender a los m\u00e1s desvalidos y para reprimir algunos abusos (Neh 5.1\u201312), siendo \u00e9l mismo el primero en dar el ejemplo (Neh 5.14\u201319). Un tiempo despu\u00e9s volvi\u00f3 por segunda vez a Jerusal\u00e9n y complet\u00f3 la reforma que hab\u00eda iniciado (Neh 10).<br \/>\nEsdras, sacerdote y escriba que tambi\u00e9n hab\u00eda estado en Babilonia, desempe\u00f1\u00f3 un papel igualmente importante en esta acci\u00f3n reformadora.<br \/>\nLa di\u00e1spora. Como ya lo hemos recordado, muchos deportados a Babilonia, siguiendo los consejos de Jerem\u00edas (29.4\u20137), se dedicaron al cultivo de la tierra y a otras actividades rentables, y as\u00ed lograron constituir en el exilio colonias muy florecientes. Por eso, cuando Ciro autoriz\u00f3 el regreso, renunciaron a volver a Palestina.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde a estas colonias jud\u00edas en territorio extranjero, se fueron sumando muchas otras, formadas por las olas sucesivas de jud\u00edos que emigraban de Palestina para probar fortuna en el exterior. De este modo, en el siglo I a.C., muchos emigrados jud\u00edos o los descendientes de ellos estaban diseminados por todas las regiones del mar Mediterr\u00e1neo. Al conjunto de estas comunidades jud\u00edas se le da el nombre de \u00abdi\u00e1spora\u00bb, palabra de origen griego que significa \u00abdispersi\u00f3n\u00bb (cf. Stg 1.1; 1 P 1.1).<\/p>\n<p>Por la influencia de estas comunidades de la di\u00e1spora, numerosos paganos se convirtieron al monote\u00edsmo jud\u00edo. Algunos aceptaban solo algunos preceptos, y estos convertidos se llamaban \u00abtemerosos de Dios\u00bb. Otros, m\u00e1s fervorosos, se somet\u00edan por completo a la ley mosaica y franqueaban la \u00faltima etapa, someti\u00e9ndose a la circuncisi\u00f3n. Estos formaban el grupo de los \u00abpros\u00e9litos\u00bb. Seg\u00fan Hechos de los Ap\u00f3stoles, los primeros misioneros cristianos encontraron por todas partes \u00abpros\u00e9litos\u00bb y \u00abtemerosos de Dios\u00bb (cf. Hch 2.11; 10.2; 13.16,43).<\/p>\n<p>El per\u00edodo intertestamentario. Entre el \u00faltimo de los libros del Antiguo Testamento y los escritos m\u00e1s antiguos del Nuevo, transcurre un per\u00edodo llamado \u00abintertestamentario\u00bb. Para comprender mejor esta etapa es necesario recordar que en ella Israel vivi\u00f3 m\u00e1s que nunca de una promesa. La promesa hecha a Abraham, renovada a Mois\u00e9s bajo la forma de alianza, luego a David, y recordada constantemente por los profetas, era el aliciente que manten\u00eda viva la esperanza del pueblo.<\/p>\n<p>Esta esperanza persisti\u00f3 bajo distintas formas a trav\u00e9s de las vicisitudes de su historia, renaciendo cada vez renovada y tendida siempre hacia el futuro. A partir de las pruebas del exilio y de la desaparici\u00f3n de la realeza, ella estuvo centrada, sobre todo, en la figura del Mes\u00edas, el nuevo David.<br \/>\nLos que esperaban al Mes\u00edas tend\u00edan a representarse su reinado bajo aspectos puramente terrestres, como la conquista y la dominaci\u00f3n de los pueblos paganos que tantas veces hab\u00edan oprimido a Israel.<\/p>\n<p>En este sentido se reinterpretaban los antiguos anuncios prof\u00e9ticos, como este de Am\u00f3s:<\/p>\n<p>\u00ab\u2018El d\u00eda viene en que levantar\u00e9 la ca\u00edda choza de David. Tapar\u00e9 sus brechas, levantar\u00e9 sus ruinas y la reconstruir\u00e9 tal como fue en los tiempos pasados, para que lo que quede de Edom y de toda naci\u00f3n que me ha pertenecido vuelva a ser posesi\u00f3n de Israel\u2019. El Se\u00f1or ha dado su palabra, y la cumplir\u00e1\u00bb.<br \/>\n(Am 9.11\u201312 DHH3)<\/p>\n<p>Esta perspectiva era la m\u00e1s corriente, aunque no exclusiva, en tiempos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Al lado de ella encontramos la llamada \u00abcorriente apocal\u00edptica\u00bb. El adjetivo \u00abapocal\u00edptico\u00bb viene de apok\u00e1lypsis, palabra griega que significa \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb. Todo apocalipsis, en efecto, es una revelaci\u00f3n sobre el sentido profundo de la historia humana. Porque en la historia se realiza un misterioso designio de Dios, que solo puede darlo a conocer la revelaci\u00f3n divina. Seg\u00fan este plan, al fin de los tiempos Dios va a triunfar sobre el mal y a enjugar las l\u00e1grimas de sus fieles (cf. Ap 21.4). Pero mientras llega el fin, el mal despliega todo su poder y persigue al pueblo de Dios, hasta el punto de infligir una muerte violenta a muchos creyentes. En este contexto, el apocalipsis quiere dar una palabra de consuelo, de aliento y de esperanza al pueblo de Dios perseguido.<\/p>\n<p>La lectura de estos escritos es apasionante pero dif\u00edcil. En parte, por las constantes alusiones hist\u00f3ricas que se encuentran en ellos, y que requieren un buen conocimiento de las circunstancias en que se redactaron esos escritos. Y a\u00fan m\u00e1s, por el empleo del \u00abg\u00e9nero apocal\u00edptico\u00bb, es decir, de una forma literaria que se caracteriza, sobre todo, por el constante recurso al lenguaje simb\u00f3lico.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento. Despu\u00e9s de haber hablado a nuestros padres por medio de los profetas, Dios envi\u00f3 a su Hijo Jesucristo\u2014su Palabra eterna, que ilumina a todos los seres humanos\u2014\u00abpara que todo aquel que cree en \u00e9l no muera, sino que tenga vida eterna\u00bb (Jn 3.16).<\/p>\n<p>Una vez bautizado por Juan (Mc 1.9\u201311), Jes\u00fas volvi\u00f3 a Galilea y comenz\u00f3 a anunciar la buena noticia de Dios (Mc 1.14\u201315). Reuni\u00f3 a su alrededor un grupo de disc\u00edpulos, \u00abpara que lo acompa\u00f1aran y para mandarlos a anunciar el mensaje\u00bb (Mc 3.14). Los evangelios, sin embargo, nos muestran que los disc\u00edpulos estuvieron muy lejos de entender, desde el comienzo, qui\u00e9n era en realidad aquel con quien conviv\u00edan tan \u00edntimamente (Mc 8.14\u201321). Pero Jes\u00fas les anunci\u00f3 que el Paracleto\u2014el \u00abEsp\u00edritu de la verdad\u00bb\u2014les har\u00eda conocer toda la verdad (Jn 14.26; 15.26; 16.13). Este anuncio se cumpli\u00f3 el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, cuando la comunidad reunida en oraci\u00f3n recibi\u00f3 la luz y la fuerza del Esp\u00edritu Santo (Hch 2.1\u20134).<\/p>\n<p>Estos primeros disc\u00edpulos, que fueron desde el comienzo \u00abtestigos presenciales\u00bb de lo que Jes\u00fas hizo y ense\u00f1\u00f3, recibieron de \u00e9l \u00abel encargo de anunciar el mensaje\u00bb (Lc 1.2), y con el poder del Esp\u00edritu Santo (Hch 1.8) dieron testimonio de lo que hab\u00edan visto y experimentado: \u00abPorque lo hemos visto y lo hemos tocado con nuestras manos\u00bb (1 Jn 1.1).<\/p>\n<p>Los que creyeron en la buena noticia, a su vez, formaron comunidades cuyos miembros \u00absegu\u00edan firmes en lo que los ap\u00f3stoles les ense\u00f1aban, y compart\u00edan lo que ten\u00edan, y oraban y se reun\u00edan para partir el pan\u00bb (Hch 2.42). Y en la vida de estas comunidades fueron surgiendo los escritos del Nuevo Testamento.<br \/>\nAqu\u00ed es importante tener en cuenta que el orden de los libros en el canon del Nuevo Testamento no corresponde al orden cronol\u00f3gico en que se redactaron los libros.<\/p>\n<p>Entre los escritos m\u00e1s antiguos est\u00e1n las cartas paulinas. El ap\u00f3stol, en efecto, anunciaba el evangelio de viva voz (cf. Hch 13.16; 14.1; 17.22). Pero a veces, estando lejos de alguna de las iglesias fundadas por \u00e9l, se vio en la necesidad de comunicarse con ella, para instruirla m\u00e1s en la fe, para animarla a perseverar en el buen camino, o para corregir alguna desviaci\u00f3n (cf., por ejemplo, Gl 1.6\u20139). As\u00ed nacieron sus cartas, escritas para hacer frente a los problemas de \u00edndole diversa que surg\u00edan, sobre todo, de la rapidez y amplitud con que se difund\u00eda la fe cristiana.<\/p>\n<p>Aunque los materiales utilizados por los evangelistas han sido transmitidos por los que \u00abdesde el comienzo fueron testigos presenciales\u00bb (Lc 1.1), la redacci\u00f3n de los Evangelios, tal como han llegado hasta nosotros, es posterior a las cartas paulinas.<\/p>\n<p>Cada uno de estos cuatro evangelios quiere responder a la pregunta que se hace todo el que se encuentra con Cristo. Esta pregunta ya se la hab\u00eda hecho Pablo en el camino de Damasco, cuando dijo: \u00ab\u00bfQui\u00e9n eres, Se\u00f1or?\u00bb (Hch 9.5). Y tambi\u00e9n se la hicieron los ap\u00f3stoles, dominados por el miedo, cuando vieron la tempestad calmada a una sola orden de Jes\u00fas: \u00ab\u00bfQui\u00e9n ser\u00e1 este, que hasta el viento y el mar le obedecen?\u00bb (Mc 4.41).<\/p>\n<p>Marcos pone de relieve la realidad humana de Jes\u00fas, pero destaca al mismo tiempo su misteriosa trascendencia. Llev\u00e1ndonos de pregunta en pregunta, de respuesta en respuesta, de revelaci\u00f3n en revelaci\u00f3n, nos conduce en forma progresiva de la humanidad de Cristo a su divinidad, haci\u00e9ndonos descubrir en \u00abel carpintero, hijo de Mar\u00eda\u00bb (6.3), primero al Mes\u00edas Hijo de David (8.29) y luego al Hijo de Dios (15.39).<\/p>\n<p>En un relato m\u00e1s extenso que el de Marcos, Mateo presenta a Jes\u00fas\u2014hijo de Abraham e hijo de David (1.1)\u2014como el Mes\u00edas que lleva a su cumplimiento todas las esperanzas de Israel y las sobrepasa a todas. Apoy\u00e1ndose constantemente en las profec\u00edas del Antiguo Testamento, muestra c\u00f3mo Jes\u00fas las realiza plenamente, pero de una manera que el pueblo jud\u00edo de su tiempo ni siquiera alcanz\u00f3 a sospechar: \u00abTodo esto sucedi\u00f3 para que se cumpliera lo que el Se\u00f1or hab\u00eda dicho por medio del profeta\u00bb (1.22; cf. 2.17; 4.14; 8.17; 26.56).<\/p>\n<p>Lucas destaca, sobre todo, la misi\u00f3n de Jesucristo como Salvador universal (cf. 2.29\u201332). Es el evangelio proclamado por el \u00e1ngel de Bel\u00e9n: \u00abLes traigo una buena noticia, que ser\u00e1 motivo de gran alegr\u00eda para todos: Hoy les ha nacido en el pueblo de David un Salvador, que es el Mes\u00edas, el Se\u00f1or\u00bb (2.10\u201311). En las par\u00e1bolas de la misericordia divina, Lucas anota que la alegr\u00eda de la salvaci\u00f3n no s\u00f3lo resuena en la tierra, sino que regocija tambi\u00e9n al cielo y a los \u00e1ngeles (15.7,10); la vuelta del hijo pr\u00f3digo a la casa de su padre se festeja con j\u00fabilo (15.22\u201324), y el gozo del perd\u00f3n y de la salvaci\u00f3n llega tambi\u00e9n a la casa de Zaqueo, que recibi\u00f3 a Jes\u00fas con alegr\u00eda (19.6).<\/p>\n<p>Se le ha llamado al Evangelio de Juan \u201cevangelio espiritual\u201d, debido a la profundidad con que ha sabido penetrar en el misterio de Cristo. Jes\u00fas es la Luz del mundo, el Pan de vida, el Camino, la Verdad y la Vida, la Resurrecci\u00f3n y la Vid verdadera. \u00c9l es la Palabra eterna del Padre, que exist\u00eda desde el principio y que se hizo \u00abcarne\u00bb\u2014es decir, hombre en el pleno sentido de la palabra\u2014y \u00abacamp\u00f3 entre nosotros\u00bb (Jn 1.14, NBE). \u00c9l es la manifestaci\u00f3n suprema del amor de Dios, que no vino a condenar sino a salvar. Pero tambi\u00e9n exige de sus seguidores una opci\u00f3n fundamental: \u00ab\u00bfTambi\u00e9n ustedes quieren irse?\u00bb \u00abSe\u00f1or, \u00bfa qui\u00e9n podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna\u00bb (6.67,68).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las cartas paulinas, el Nuevo Testamento incluye otras cartas apost\u00f3licas, que llevan los nombres de Santiago, Pedro, Juan y Judas, el hermano de Santiago. En su mayor parte, estas cartas no se dirigen a personas o a comunidades particulares, sino a grupos m\u00e1s amplios (cf., por ejemplo, 1 P 1.1). En ellas se reflejan las dificultades que debieron afrontar los primeros cristianos en medio de la hostilidad de los paganos. Debemos agregar aqu\u00ed la Ep\u00edstola a los Hebreos, considerada m\u00e1s como un serm\u00f3n de exhortaci\u00f3n que invita a los cristianos a permanecer fieles en la fe de Jesucristo, en medio de una situaci\u00f3n adversa.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, el libro del Apocalipsis\u2014palabra griega que significa Revelaci\u00f3n\u2014anuncia el triunfo final del Se\u00f1or. Se designa el d\u00eda de este triunfo final de Cristo como el de las \u00abBodas del Cordero\u00bb:<\/p>\n<p>\u00abAlegr\u00e9monos, llen\u00e9monos de gozo y d\u00e9mosle gloria,<br \/>\nporque ha llegado el momento<br \/>\nde las bodas del Cordero\u00bb.<br \/>\n(Ap 19.7)<\/p>\n<p>Por eso, el Apocalipsis proclama con j\u00fabilo:<\/p>\n<p>\u00abFelices los que han sido invitados<br \/>\na la fiesta de bodas del Cordero\u00bb.<br \/>\n(Ap 19.9)<\/p>\n<p>Con esta bienaventuranza llega a su t\u00e9rmino el libro del Apocalipsis, cuyas palabras finales son un canto nupcial: \u00ab\u00a1Ven!\u00bb, dice la esposa del Cordero, y ella escucha una voz que le responde: \u00abS\u00ed, vengo pronto\u00bb (Ap 22.17, 20 DHH3).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El Dios que se revela en la Biblia ha intervenido en la historia humana para hacer de ella una historia santa. Los acontecimientos del Antiguo Testamento anunciaban, prefiguraban y realizaban parcialmente lo que en el Nuevo Testamento llegar\u00eda a su pleno cumplimiento. Si la Pascua de Cristo trae al mundo la plenitud de la salvaci\u00f3n, la pascua de Mois\u00e9s fue la aurora de nuestra salvaci\u00f3n. La liberaci\u00f3n del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto preanunciaba asimismo la liberaci\u00f3n de toda la humanidad de la esclavitud del pecado y de la muerte. Este mismo movimiento de la historia contin\u00faa, se prolonga y se expande en la vida de la Iglesia, que escucha, vive y anuncia la Palabra hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1.8).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por monse\u00f1or Armando Levoratti &nbsp; El significado de la palabra Biblia Hay varias maneras de responder a esta pregunta. Una de ellas consiste en explicar el significado de la palabra Biblia. Biblia es una palabra de origen griego (el plural &hellip; <a href=\"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/2017\/08\/18\/que-es-la-biblia\/\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":119,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[28],"class_list":["post-118","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-en-profundidad"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/118","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=118"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/118\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":121,"href":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/118\/revisions\/121"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/119"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=118"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=118"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/recursoscatolicos.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=118"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}